Archivo mensual: junio 2009

ene o

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El 9 y 10 de octubre del 2003, junto con Alejandra Reyes y Emanuelle Ramos, asistimos a Ensayo del Diseño en el Laboratorio Arte Alameda del DF. Modern Dog, Dr. Alderete, Erich Martino, Mónica Peón, Hula-Hula, Gabriel Martínez Meave, Alejandro Magallanes, Lourdes Zolezzi y George Estrada, fueron parte lo que sería un evento importante para los tres: el lanzamiento de la revista ene o.

Aún me acuerdo de Iván W. Jiménez y Xavier García presentando la revista. Había una mesa con varios ejemplares, y nosotros, tan buenas gentes como siempre, al ver que no las estaban vendiendo, tomamos 10 ejemplares cada uno, pensando en regalarlos a nuestros amigos en la facultad. Manolo hizo el contacto con Xavier. Seriamos los distribuidores de la revista en Toluca…por supuesto, vendimos las revistas, cuando nos dimos cuenta que estaban marcadas con un $10.00.

Aparte de vender pecados capitales en polvo, ser los “performers” de la FAD, e ir al cine todos los miércoles después de clase; vendíamos la ene o donde nos dejaran (y donde no, también), lo que permitió conectarnos con la comunidad estudiantil de Toluca que cursaba Diseño, Arquitectura, Comunicación y Artes.

Nuestro ménage-à-trois llegaría hasta el número 9, la de Cine. Ale y Manolo fueron los primeros en tener un trabajo con horario y quincena, era el principio de la gran torta que Amelie R. R. aún trae bajo el brazo. Yo vendía los números que me habían quedado junto con mis bufandas, en el Quimera, en Los Portales y en el Cerro de Coatepec.

Ahora andamos haciendo cosas distintas, coincidiendo de vez en cuando, extrañándonos a veces y queriéndonos siempre. Yo, sigo tejiendo.

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El Tejedor

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Don Alfredo, mi abuelo materno fue cuidador de huertas de mango y siempre andaba con un arma, la cual cada que usaba, ocasionaba un éxodo en la familia de mi mamá. Don Pepe, mi abuelo paterno, fue carnicero; ni como olvidar la forma como mataba al guajolote el mismo día de Navidad. Pepe, mi papá, fue trailero. Se enseñó a conducir trailers cargados de refrescos y pipas cargadas de gasolina.

Mi papá, estaría sentado en su pipa, esperando su turno para cargar gas (el nuevo negocio familiar), cuando la explosión de San Juanico lo alcanzó. La madrugada del 19 de noviembre de 1984, Pepe, mi papá, se arrojaba a un charco con el cuerpo incendiado, siendo así, uno de los 2, 500 heridos que arrojaría la explosión. Después de dolorosos cuidados, con quemaduras de tercer gado en casi todo su cuerpo y a punto de serle mutilada la pierna derecha, mi papá fue uno de los miles de muertos que nadie nunca acabó de contar. Mi abuelo Alfredo dejó de cuidar mangos por cuidar combustible, y en un asalto a la gasolinera murió a tiroteos, “pero se llevó a dos bandidos”, decía la gente; y, a Don Pepe, sólo le dejó de funcionar el corazón.

Hoy, no se que diría mi papá de que a mi edad no se conducir ni una moto; no se que diría mi abuelo materno si supiera que me aterran las armas; no se que diría el papá de mi papá si supiera que soy incapaz de matar un pollo y comérmelo; no se que dirían los tres, si supieran que se y me gusta, tejer.

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