Archivo mensual: julio 2009

A estas horas, aquí

aestashorasaqui

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,

dejar mi cuarto encerrado

y bajar a bailar entre borrachos.

Uno es un tonto en una cama acostado,

sin mujer, aburrido, pensando,

sólo pensando.

No tengo “hambre de amor”, pero no quiero

pasar todas las noches embrocado

mirándome los brazos,

o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.

Leer, o recordar,

o sentirme tufos de literato,

o esperar algo.

Habría que bajar a una calle desierta

y con las manos en la bolsas, despacio,

caminar con mis pies e irles diciendo:

uno, dos, tres, cuatro…

Este cielo de México es obscuro,

lleno de gatos,

con estrellas miedosas

y con el aire apretado.

(Anoche, sin embargo, había llovido

y era fresco, amoroso, delgado.)

Hoy habría que pasármela llorando

en una acera húmeda, al pie de un árbol,

o esperar un tranvía escandaloso

para gritar con fuerzas, bien alto.

Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.

Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato

o le diría un cuento

que no dijera nada, pero que fuera largo.

Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero

seguir todas las noches vigilando

cuándo voy a dormirme, cuándo.

Yo lo que quiero es que pase algo,

que me muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

 

La jaula que me cuente sus amores con el canario.

La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,

y la dulce luna de mi armario,

que me digan algo,

que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,

este vino es amargo,

bajo la lengua tengo un escarabajo.

 

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto

toda la noche solo,

hecho un tonto, mirando!

 Para el segundo ejercicio del taller de ilustración&autopromoción impartido por Zoveck, trabajamos con un poema de Jaime Sabines. 

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Fiesta de gRUPO hORMA a beneficio de La Gallundera

flayer31G

¡El viernes es noche para cazar mamuts!

¡Nos vemos en la fiesta!

unga, unga!

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Taxi.

María Romero me dijo: “quédate”. Tenía que comenzar mis vacaciones de verano en Toluca, para sentir que estaban comenzando. Ricardo Álvarez y Watchavato me llevaron hasta Insurgentes, de ahí a Observatorio en la “línea rosa”. Llovía en todo el DF. En el camión, una película mala con Nicolás Cage, lo bueno, que traía conmigo el cocoipod, Björk me cantó en La Marquesa. En Pilares, el chofer del autobús preguntó sí todos íbamos directo a la Terminal, dijimos que sí; por lo tanto, no se desvió por Comonfort para llegar a la Central por Las Torres, lo haría por Tollocan. Anticipé mi bajada; lo hice en el Oxxo que está por la Comercial Mexicana. Me compré unos dulces picantes para lo mareado y deposité un poco de saldo a mi celular. Tomé un taxi, abrí la puerta del chofer y le pregunté:

-¿Cuánto me cobras a la Iglesia del Ranchito?

-¿Cuánto te cobran güero?

-Todavía no son las diez. Veinticinco varos.

-¿Estás enojado? –Me preguntó ahora él.

-No.

-¿Vienes de la chamba?.

-Si.

-Va carnal, súbete.

Después de que a Oscar Ecatepec mi vecino, lo asaltaran en un taxi, no me subo a uno en la parte delantera. Quise abrir la puerta trasera y no se pudo. Lo volví a intentar y me dí cuenta de los vidrios polarizados.

-Súbete acá adelante carnal –me ordenó el taxista- , allá atrás está mojado.

Seguía lloviznando.

Me subí sin saber por que, al asiento del copiloto; pero no cerré la puerta.

-Ciérrale carnal, ciérrale. –me volvió a ordenar el taxista-, ciérrale carnal.

Resbalé mi mano izquierda por debajo del asiento mientras con mi mano derecha me negaba a cerrar la puerta. Toqué el brazo de alguien, sentí la textura del estambre, hasta podría decir de que color era. Crucé miradas con el taxista y acto seguido, como si algo me hubiera picado el trasero, salté, salí y corrí. El taxi se arrancó con la puerta todavía abierta.

Mi bolsa de mandado con los estambres con los que tejo una cobijita cósmica y un sombrero mágico. Mis ganchos. Mi libreta con los nombres de Los Gallunderos. El resultado del taller de ilustración con Zovek. Mis copias de Nicolás Bourriaud. Mi pantalón café que me trajo la Tía Poncha de Texas. Mi playera con flores recortadas. Mi perfume original. Mi celular. Mi pasaporte. Mis $200, la tarjeta del banco. ¡El cocoipod!. Hacerme el listado de lo que me hubieran quitado fue inevitable, como inevitable fue pensar en la madriza que me hubieran dado, en pensar en que lugar de las orillas del Valle de Toluca me hubieran ido a tirar. ¿Me habrían matado?.

Llegué a casa. Esta vez, había escapado. Agradecí a mis muertos y a los vivos que me “echan la bendición” cada ves que nos separamos. A Santa Alicia en el País de las Maravillas. Al estambre que me advierte. Encendí a mi Pancha, puse música a todo volumen y  me duché con agua caliente para recuperar mi color poco a poco.

4 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

ilustracion1

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

La Tristeza.

latristeza

Para el primer ejercicio del taller de ilustración&autopromoción impartido por Zoveck en gRUPO hORMA, me fue dada la palabra tristeza y la copia de un pescadito. El personaje principal es La Viuda, sin duda, ha de ser un momento muy triste cuando se pierde con la muerte a quien se ama.  La tristeza, jala.

Que momento tan triste para El Pescado que lo saquen del agua.

¿Cuántas veces el Chavo del Ocho se metió triste en Su Barril?

Me pone muy feliz el taller.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

El Santo Desmayado vs. Las Enfermeras Vampiro

imss

Aunque ya me constaba que las filas en el Seguro son largas, no me llevé estambre, me parecía que si ya de por si el ambiente de un hospital es deprimente, el del IMSS lo es aún más, prefería leer a tejer.

La primera vez, vi a una señora tejer una chambrita a dos agujas en tonos napolitanos: rosa, café y amarillo. A mi me costaba leer, me distraigo muy fácil, y entre los gritos de niños que vacunan y el caminar de enfermeras con su tradicional suetercito verde, no me permitían concentrarme en Nicolás Bourriaud.

La segunda vez, vi a una señora tejer una carpeta blanca con crochet. Yo estaba formado esperando entrar al laboratorio. Tranquilizándome; las agujas, mientras no sean para bordar, coser o tejer, me ponen nervioso. No lo pensé dos veces, saque estambre y mi gancho del número tres; me puse a tejer flores, flores rojas.

Tejer cada macizo, era como poner una pieza de un mundo donde las enfermeras lo resolvían todo con pastillitas de sabores; y dónde los médicos, lo sabían todo con sólo escuchar el latido de mi corazón. Me quitan las estampitas que me habían dado antes en la ventanilla. Gritan mi nombre. Me dicen que saque mi muestra de orín, le ponen una de las estampitas y me ordenan colocarla sobre una charola. Me dan tres tubitos con las otras estampitas, cada uno tiene mi nombre completo y la prueba que harán. De repente soy ya el tercero en la fila, abro la boca esperando mis pastillitas sabor sandía.

Me amarran la liga, me pican el brazo, me consuelo con las siguientes dos señoras, me pide la señorita enfermera uno de los tubos, yo veo los frasquitos de Gerber con orines que están en la charola frente a mi, me pide otro tubo y siento un empujón, no veo, me pide el último tubo, siento otro empujón, las señoras ven, me saca la aguja, no sentí dolor, me paro, doy las gracias, tomo la tabla de corte que me prestó Luz, me siento mal, me siento en el primer banquito que encuentro, me desmayo.

 

Lo primero que me preguntan es sí me siento bien. Contesto que no.

Lo primero que pregunto es sí me desmayé. Me contestan que si.

 

Me dicen que después me dolerá todo el cuerpo (y la cara), que me fui de frente. Me estrellé en el piso. Salí del Seguro mareado y oloroso a alcohol. Dos señoras me detuvieron en la calle; después de preguntarme que si yo era el “desmayado del Seguro”, que sí, que tuviera cuidado, que les di un susto, que no alcanzaron a detenerme, que casi me pego con el filito de la puerta, que no se que. En el trabajo, Renata al verme pálido, pálido, me invita su yogurt y dos taquitos de frijoles. Después de todo, mi ambiente laboral, aún es habitable. 

Foto: Claux Guzmán

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized