Archivo mensual: octubre 2009

Portada 186

picnicinnovadores

 

Salvador Jaramillo, nace en el Estado de México en 1984, estudia la carrera de diseño en la EDINBA Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes la cual concluye en 2008. Su gusto por el diseño en el área cultural hace que en el 2006 se integra a gRUPO hORMA (concilio arte y diseño) colaborando en el área de Registro e Inventario de obra, junto con la fotógrafa Georgina Romero y bajo la dirección de María Romero (fundadora arte) e Iván W. Jiménez (fundador diseño) tuvo la oportunidad de diseñar para varios artistas y pintores como Jorge Barrios, Mario Torres, Rafael Charco y María Romero.

La Gallundera, nos colocó en el mismo espacio: gRUPO hORMA es el territorio libre donde Chava se atrevió a tejer por primera vez y yo a compartir los medios puntos y los macizos. Entre café y café  se entendió pronto con el estambre, se hizo de sus propias herramientas y llevó el tejido a su espacio personal.

A partir de las setas tejidas, junto con Salvador hemos estado produciendo accesorios-hongo, bufandas y letras; combinando lo tipográfico con el tejido y concibiéndonos como hombres tejedores proponemos esta portada para el número Innovadores de la revista Picnic; tejer no es nada nuevo, que dos diseñadores gráficos mexicanos lo hagamos, sí.

Apóyanos con tu voto

http://www.picnic-mag.com/votacion/voto.html

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¡La Gallundera en Arte 40!

iwantoy

Es un placer compartir la algarabía: Lo que el viento a Juárez ha sido seleccionada como finalista en Arte 40, por lo que durante octubre , setenta honguitos estarán “plantados” en el interior de la Biblioteca Vasconcelos de la Ciudad de México. 

Ahora, como dinámica del concurso, los internautas están votando por las piezas finalistas.

¡Vota por los hongos, y apoya a La Gallundera!

http://www.los40.com.mx/especiales/galeriarte40/arteurbano_finalistas.html

¡Gracias!

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¿Y ahora, quién me llevará por más estambre?

Cuando éramos chicos, Miguel y yo nos fuimos al mercado, se nos hizo fácil, dejar la bici afuera y entrar a buscar el queso que mi abue nos había encargado. Salimos y nada de bici. Nos regresamos a casa, caminando y llorando.

Había olvidado esa sensación, la de caminar después de haber llegado en bici. La de ir contando los pasos que no habría dado, de no ser, porque a alguien no se le hubiese ocurrido chingarme la bici; sí, chingarme, cuando uno está emputadoencabronadisímo y siente que se lo lleva la verga, por lo general utiliza un chingo de putas groserías. Me regresé a casa caminando, y para no llorar, imaginé que La Gorda, esa yegua que llegó de los Cerros de Tlalpan, decidió de repente y así nomás emprender carrera, tal vez ni siquiera sepa a donde va, tal vez sea imposible tenerla en un mismo lugar. Imaginé que La Gorda, esa bici que me transportó tan lejos como ambos quisimos, es recibida en el cielo por Albert Hoffman. Llegué y lo primero que vi fue el lugar dónde siempre le agradecía por haberme regresado bien a casa, después de estacionarla.

Lo segundo, fue mi par de ahujas con el abrigo de La Gorda, le estoy tejiendo para el invierno, o le estaba. Ahora sólo me quedan la llave de su candado y su tejido. Tejiéndole, recorrí toda su piel, se que tornillos tiene oxidados, que pedal está roto. Mientras recuerdo que la cadena ya necesitaba grasa, recuerdo que el jueves le cambié la llanta delantera. La última vuelta que nos dimos anoche hasta Metepec; de cómo se siente el viento en la cara, con las manos sobre las piernas, siendo los pies, mi única comunicación con ella; las dos veces que me caí. Imposible no recordar aquellos paseos con Ricardo y con el Nana, ya sea para ir por tacos árabes o por café, de la vuelta que nos daríamos con Amelié el domingo, ella en su triciclo y yo en el mío; y por cada recuerdo que se acumula en mi, se acumulan en el cielo nubes a montones, alguien, allá arriba quiere llorar.

Estaba digiriendo lo de Mercedes Sosa y soportando un dolor de cabeza, raro, nunca me duele. 

Tendré que encargar mezcal.

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