Archivo mensual: junio 2010

Hábitat de Estambre.


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Hábitat de Botones.

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Hábitat (o tres momentos importantes compartidos con las plantas).

1.

Casi todas las plantas que cultivo, lo hago cortando una rama de la dama y metiéndola en el agua. Como si fuesen los primeros dientes de mis hijos, veo como salen sus primeras raíces: primero es una, luego siguen todas. No es sólo el agua, es el calor del sol también, se genera la sopa que no sólo permitirá que esa ramita continúe con vida, sino que (la) se reproduzca. La sopa en la que habré nadado en el útero de mi madre, siendo un bulbo pequeño, saliéndome como pequeñas raíces el pelo, los bigotes; después vendrían los dientes.


2.

Cuando transplanté el pastito para que poblara las faldas del Árbol de la Abundancia, 50% del pastito murió. El 50% que quedó se reprodujo por encima de los restos de la mitad que pereció, formando una montañita. Las plantas, cuando son transplantadas, deciden si se enraízan o si se van. Si aceptan la tierra nueva o se dejarán morir añorando la pasada. La Vida me transplantó de los 42º de la Tierra Caliente de Guerrero a los -8º del Valle del Xinantécatl.

3.

No pasa mucho tiempo, antes de que la planta comience habitar su maceta: lo hace con sus retoños, con los pequeños bichos que atrae, con sus hojas secas, ya que el tiempo (¿cuánto vivirán las plantas?) también pasa por ellas. Hay plantas que crecen hacía arriba, otras se expanden hacia los lados, otras se enredan y otras trepan, son seres vivos que no solo viven, habitan; y el habitar (también) es una decisión. Habito mi espacio con plantas –que no diré más que son mías, en realidad la naturaleza no le pertenece a nadie- y con esas piezas y mañas que ocasionan en mi un gozo. Piezas y mañas aprendidas de otros seres humanos, mañas y piezas que al integrarlas a mi hábitat, me traen en recuerdo emocionante a esas personas de las cuales soy honrosa parte.

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El Tejedor.


A un año de iniciar este espacio, va de nuevo el primer texto con collage nuevo.

Gracias.

Don Alfredo, mi abuelo materno fue cuidador de huertas de mango y siempre andaba con un arma, la cual cada que usaba, ocasionaba un éxodo en la familia de mi mamá. Don Pepe, mi abuelo paterno, fue carnicero; ni como olvidar la forma como mataba al guajolote el mismo día de Navidad. Pepe, mi papá, fue trailero. Se enseñó a conducir trailers cargados de refrescos y pipas cargadas de gasolina.

Mi papá, estaría sentado en su pipa, esperando su turno para cargar gas (el nuevo negocio familiar), cuando la explosión de San Juanico lo alcanzó. La madrugada del 19 de noviembre de 1984, Pepe, mi papá, se arrojaba a un charco con el cuerpo incendiado, siendo así, uno de los 2, 500 heridos que arrojaría la explosión. Después de dolorosos cuidados, con quemaduras de tercer gado en casi todo su cuerpo y a punto de serle mutilada la pierna derecha, mi papá fue uno de los miles de muertos que nadie nunca acabó de contar. Mi abuelo Alfredo dejó de cuidar mangos por cuidar combustible, y en un asalto a la gasolinera murió a tiroteos, “pero se llevó a dos bandidos”, decía la gente; y, a Don Pepe, sólo le dejó de funcionar el corazón.

Hoy, no se que diría mi papá de que a mi edad no se conducir ni una moto; no se que diría mi abuelo materno si supiera que me aterran las armas; no se que diría el papá de mi papá si supiera que soy incapaz de matar un pollo y comérmelo; no se que dirían los tres, si supieran que se y me gusta, tejer.

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“Más vale vivir 5 años como rico que 50 como jodido” (o la segunda playera)

Cuando llegaron los botecitos con pintura plástica inflable a la pape de “Los Españoles”, fueron una novedad: las guachitas decoraban sus cartas de amor, las señoras escribían letreros los jueves anunciando su pozole verde y las maestras del kinder brincaban de felicidad.

Cuando se vive la adolescencia en una ciudad pequeña, como Cd. Altamirano, Guerrero, uno construye su identidad como puede. No hay hippies, no hay darquetos ni hay fresas; no existe tribu urbana con la cual uno pueda sentirse identificado, los ve uno en revistas, en el periódico y en la tele, pero son personajes que habitan mundos distantes donde la gente por lo general se mueve en el Místico Metro. Agarras un poco de aquí, un poco de allá. En esa búsqueda de identidad, con pintura plástica inflable rayé mis playeras, retomando cosas, que veía en revistas que hablaban de experiencias lejanas, lejanas.

Pero mi adolescencia sucedió hace más de diez años, las adolescencias que hoy suceden en la Tierra Caliente tienen un contexto diferente: ya nadie tiene curiosidad por saber que sucede en otras realidades, nadie ya quiere aprender nada, nadie quiere probar sabores desconocidos y embriagarse con nuevos sonidos, nadie quiere enterarse por como se vive más allá del Balsas; ahora todos traen prisa, una ansiedad por tenerlo todo y tenerlo ya; un pariente dice que prefiere ser narco que diseñador.

Yo prefiero ser diseñador antes que cualquier otra cosa.

¡que suene la tambora!: Cruel de Tori Amos.

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