Archivo mensual: abril 2014

No, no viajo ligero

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Además de soltar una botella de salsa botanera, una lata de chiles jalapeños en vinagre, una caja de chocolate y un paquete de dulces de tamarindo, tuve que desprenderme de varios kilos de lana natural teñida artificialmente, de varios metros de tela de cambaya oaxaqueña, de bolas de estambre; en la primera revisión me pasaba con 5 kilogramos. Resumir mi existencia en 31 kg para seis meses me resultó muy complicado, sobre todo desprenderme de mucho del material que me acompañaría. Pesó lo que tenia que pesar, ni un gramo más ni un gramo menos, la maleta se va, me dan dos boletos y ya está.

Y es que no, no viajo ligero. En mi equipaje traigo los abrazos y los besos de Carolina, Adán, Raúl, Miguel y Felipe recibidos en el aeropuerto, la voz de Adán desde Puebla y la de María y Esteban en Guerrero. La voz quebrada de mi abuela diciéndome “no te acobardes chulo, no te acobardes”, el nudo en mi garganta quebrado como cántaro de barro lleno de agua que se me cae de las manos. Traigo el cobijo de mis amigos, ¿fiesta de despedida? Si sólo serían seis meses, es poco tiempo como para una fiesta de despedida, ahorita vengo, le dije a Ruth. Luego, orillados por el cambio de pesos en euros, por comenzar a cerrar el invierno y por empezar el año con las dos puertas abiertas y compartiendo, promocionamos en Malamén un Remate de temporada, una rifa de una pieza de ella enmarcada por Pamela y Benjamin de ETC y la vendimia de chupecitos de mezcal guerrerense. Lo de la rifa y los chupecitos fueron destinados al cobijo de este viaje. Traigo la maleta con una manta calientita tejida por Ruth, Gus, Pame, Benja, María, Tere, Lalo, Ireri, Pavel, Paula, Alejandra, Emmanuelle, Amelié, Mia, Alfonso, Luis, Cecilia, Carlos, Octavio, Claudia, Fabiola, Erin, Penélope y Laiza. Traigo la maleta sobrecargada con el sostén universitario de Migue, Diana, Angie, Flor, Adriana y Fabián, con el mezcal y la buena vibra de Male y Omar. Traigo la maleta cargada con los a-brazos de mis tíos maternos. No, no viajo solo ni ligero.

Mi primer viaje largo en avión; durante la noche conocí desde el cielo las ciudades canadienses del Atlántico a través de sus luces. Durante la mañana conocí desde el cielo Londres -recordando en el instante a Citlalli y a Omar- desde el London Eye seguí el Támesis hasta el Mar del Norte y vi como se deshace en buques de carga y se salpicada de aerogeneradores, para entonces ya habíamos perdido bastante altura en comparación a la que veníamos en medio del Atlántico Norte. Aterrizamos en Frankfurt, Alemania con siete horas menos. De ahí en un avión más pequeñito a Madrid. España. Roberto fue por mi al aeropuerto; Samantha, Martha y Alma me recibieron.

Llovía, era de noche y me sentí en casa.

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