entretejiéndonos

 

Fue Emannuelle, a quién se le ocurrió que yo podría hacer algo terapéutico a través del tejido. “Claro, tejer de por si ya es terapéutico”. Pero sospeché que no se trataba solamente de hacer un club de tejido para que cada tejedor contara su historia, supuse no es cualquier cosa destapar emociones así nomás. Acudí con Mónica, a pedirle chaman consejo y le conté; en una sesión, en el espacio cuyas paredes gestálticas me recibieron una vez. Aquella vez.

Fue Mónica, a quien se le ocurrió que los dos podríamos hacer un taller terapéutico a través del tejido. Entretejiéndonos es el nombre, de Lanaterapia el taller. ¿Qué de qué es? Un taller para encontrarnos, para entretejer nuestras historias y compartirnos lo que sentimos y lo que nos pasa, orientados por la psicoterapia Gestalt; y mientras nos damos cuenta, tejemos objetos  que al tejerlos, algo nos dicen de nosotros mismos al oído. Tejemos primero con un dedo, luego con una mano, después con un gancho y al final con dos agujas, siempre con el cuerpo, en movimiento.

Uno de esos objetos, es la Manta Integradora. Primero, enseño a tejer tres cuadritos de diferente diseño, nosotros “ponemos” el estambre, retazos de bolitas y bolitas de varios colores, texturas y calibres. Una vez que están tejidos los cuadritos, se unen para formar una manta irregular. En el primer taller, Esperanza perfeccionó la técnica para unirlos:

  1. Cada quien une dos cuadros.
  2. Te unes con alguien que ya tenga su unión y unen los dos pares.
  3. Se unen con quienes ya tengan su unión de cuatro cuadros y forman una nueva de ocho.
  4. Al final, tod@s en el piso uniendo la manta total.

Además de Esperanza, también Rocío, Cony,  Norma, Marta, Mercedes, Ana Laura e Isabela nos acompañaron en el primer taller el otoño del año pasado en Otonamihque, un centro de desarrollo humano que goza de las buenas vibras del Cerro del Calvario toluqueño, esto no lo digo yo, lo dice el jardín.

En este año, queremos continuar con la Manta Integradora, que esperamos no deje de crecer, no por ahora.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Lanaterapia 2012

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Santa Marchanta

Me ha gustado siempre la vendimia, la vendedera, lo pochteca. Primero vendí dulces, tenía una mesita en la tienda de mi mamá y era el dealer del azúcar en la primaria. Después vendí pan, de la panadería de Doña Rebe nos empezaron a llevar treinta piezas en una charola, Carola, mi madre, ponía una servilleta de manta con pájaros bordados en una canasta, y ahí metía el pan, entonces yo salía a recorrer las calles a eso de las 6 de la tarde, y cada vez me fui más lejos hasta llegar a vender 120 panes, los cuales transportaba dentro de un gran canasto y éste sobre una carretilla. De no ser tejedor, sería panadero. Después la tiendita quedó a mi cargo cuatro años, de los 14 a los 18.

En la Facultad vendí velas, libretas, dulces y bufandas, siempre leyéndole la mano a otros gitanos. Hasta que sucedió vender bufandas en Los Portales, en el Centro Histórico de Toluca, antes de que el PAN municipal llegará con su cruzada contra el ambulantaje.

Tirados en el piso trazamos sobre manta teñida de azul, cabezonas y cabezones con cabello de lana natural, venidos a bien a través del muestrario de trenzas por el cual todos preguntaban: “¿Se vende?”; “No” contestábamos. Hasta que Malena Carbajal decidió que teníamos que empezar a contestar en positivo. Ella hacía joyería con piedras naturales, yo tejía. Ella fue mi profesora en primer semestre, después se fue al posgrado en Barcelona y tenía poco de haber aterrizado. Sin reparos me compartía nuevas del Viejo Mundo y al mismo tiempo se tiraba al piso público para trazar y cortar. Compartimos un Quimera mientras tejíamos en nuestro “puestito” que diario montábamos con la mejor de las buenasvibras. Y entre vendimia y vendimia, de Male yo aprendía.

Mis Santos son mortales, mi sistema de creencias se base en lo que otros seres humanos comparten en un fragmento de tiempo que si bien nunca se volverá a repetir, formará parte de mi línea de vida en el espacio. Con asombro casi arqueológico, me encontré una figura de aquel tiempo, le puse género al vestirle, se cargó con la energía de una Luna llena y llegó a manos de Malena.

Male, una de mis Patronas Pochtecas, Santas Marchantas, Santa Malena.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

 

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Los Treinta hongos de Saltillo

Nomás llovió, y brotaron de un campo cercano Treinta hongos de colores. Con mi gancho y estambre los coseché (mentira que uno cosecha lo que siembra). Antes, realicé una danza al Árbol Manzano que los alimentó en esa mística simbiosis. Hice plegarias a la Nube, Madre de la Lluvia para que conserve los nutrientes y buenos pensamientos de estos frutos de la Tierra. Adoré al Volcán, pidiendo-te buen viaje, Claux.

Y no de hongo. El último verano en la maestría, treinta hongos para compartir. Celebro contigo Claux las ganas de conocimiento, de aprendizaje, de enseñanza, de la exploración; dónde más que el grado, lo que importa son todas esas semillas germinadas que se quedan en la cabeza y en el corazón.

Soy un hombre de campo agradecido, por ser quien cosecha estos champiñones para que vuelen contigo Claux, atravesar medio país hasta que te encuentres con tus compañeros de viaje maestrante y compartas con ellos las buenas vibras del Xinantécatl, lo que nace en estas tierras.

Y porque tu lo pediste, son hongos orgánicos.

 

 

4 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Mérida, que chula estás

Yo, Gerardo El Tarasco, que nací en el corazón de la Sierra Madre del Sur, que crecí entre El Cerrito y El Chuperio y que vivo en las faldas de un volcán; respirar el aire de la Península de Yucatán, caminarla toda plana, sin cerros, de playas azul turquesa, provocó en mi un sentimiento de estar en un mundo diferente. Una Península que huele y que sabe a nuevos condimentos, a sazones venidas de distintos lugares: del mismo Mundo Maya, de Europa, del Cercano Oriente,de  la selva, del mar.

De algún tiempo vendrá mi alma que cuando estoy entre casas viejas me siento harto extasiado. En Mérida hay un montón, blancas y de colores, con patios llenos de plantas, con historias que resisten irse de la tropical ciudad.

Después de haber instalado Lo que el viento a Juárez, con las piernas adoloridas y desvelado por tejer, me propuse seguir haciéndolo, en la comodidad de una habitación de hotel, con bastantes canales en la televisión  al calor de un “chingerito” de Xtabentun. Y comencé. Y a los tres minutos me pregunté que chingados estaba haciendo, tejiendo encerrado en la habitación de un hotel a las 10:00 horas, en el corazón de Mérida, Yucatán.

Conocí algunos parques, tejiendo.

Al colocar las plantas de los pies sobre el suelo, al respirar del calor fresco, al sentir de cerca esta sangre, herencia de los casi míticos mayas, observadores de las estrellas, generadores de valor para lo que en todas partes no había nada: el cero. Estar ahí, enamorado solitario de la ciudad, acordé con ella misma que nuestro amor sería libre, sin apegos, que lo que hago acá no vale menos que lo que podría hacer allá, que lo que importa es el presente inaprensible, que mañana será otro día.

Tejí de día y de noche para darte un abrazo, Mérida, uno por todos los abrazos recibidos, por hacerme saber lo que no sabía. Sentí en mi, el latir de tu corazón de palmera.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized